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Intervención de Mª Angeles López Romero, redactora jefe de la revista 21,
en la presentación de Cara y Cruz de Siro López en el Círculo de Bellas Artes
29/11/2005
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...Todos quedaban aterrorizados al observar
que el Emperador caminaba desnudo, pero nadie se atrevía a
manifestarlo,
pues quedaría en evidencia su ignorancia. El Emperador avanzaba en su
desnudo paso hasta que se escuchó la voz de un niño que dijo: no
lleva nada,
¡el Emperador está desnudo!...
Podría haber encontrado muchas maneras de definir a Siro López,
pero esta me ha parecido una de las más hermosas. No sólo por la
belleza en sí que encierra el cuento del Traje del Emperador, de
Hans Christian Andersen, sino sobre todo porque nada hay superior a
la lucidez y la valentía de un niño.
Siro es ese niño que ve lo que otros no vemos. Lo que llevamos
siglos sin ver en imágenes tan familiares para nosotros como el
rostro de Jesús y la cruz en que murió. Pero es además quien lo
grita a los cuatro vientos. Lo señala con el dedo.
Lo hace, eso sí, por medio de la imagen y de las herramientas
que pone a su disposición el diseño y la publicidad modernos. Y,
yo, que soy desde hace algo más de un año, compañera de trabajo en
la revista 21RS, les puedo asegurar que con esas herramientas hace
pura magia. Magia propia de los cuentos de Andersen, pero magia, en
esta ocasión, electrónica, fotográfica y espiritual. Es un
auténtico privilegio poder asistir en primera fila (y cuando digo
primera fila me refiero a estar literalmente encaramada a su mesa),
digo, asistir en primera fila a la transformación que hace Siro de
cualquier imagen hasta que consigue su objetivo: ¿que diga lo que
él quiere? Curiosamente, no.
Su intención no es hacer discursos ni adoctrinar, aunque les
aseguro que hace auténtica teología con el ratón del ordenador. Su
intención es interpelar. Hacernos pensar. Abrir puertas por las que
el pensamiento pueda encontrar nuevos caminos de reflexión. Y sí:
recordarnos que el emperador está desnudo o, en este caso, que el
verdadero rostro de Jesús lo hemos ocultado debajo de veinte siglos
de ropajes, prohibiciones y herrumbres varias. Que hemos cambiado
sus rasgos de prostituta, enfermo de sida o inmigrante por los del
latín, la casulla y el habemus papam.
Pero somos nosotros, espectadores, los que tenemos que encontrar
el verdadero rostro de Jesús, la cruz en la que lo están matando
aquí y ahora. Recuerdo hace poco cómo una compañera nuestra
insistía en que Siro le confirmara si había acertado en su
interpretación de una imagen suya aparecida en nuestra sección de
Contenedor de Silencio. Por supuesto, no lo consiguió porque Siro
aplica siempre la máxima de Ortega de que toda obra se independiza
siempre de su autor. Y esto Siro se lo toma muy en serio. Como todo
su trabajo. Él se sabe casi un llanero solitario en esto de hablar
de Dios con mensaje publicitario, de lavarle la cara a las imágenes
religiosas para descubrirles su rostro más social y humano. Lo que
no deja de ser una pésima noticia. Entre otras cosas, porque su
soledad le convierte en excepción y las excepciones no crean hábitos.
Por eso, para muchos creyentes las imágenes que Siro crea no son
religiosas, sino todo lo contrario. Recuerdo el caso de nuestra
portada de febrero pasado en que aparecía una botella con un
mensaje dentro, al modo de las que asociamos a los náufragos, en
medio de un mar revuelto sobre el que podían leerse las siglas SOS.
Hacía referencia a las víctimas del tsunami, pero también a la
soledad y la petición de auxilio del hombre moderno. Pues un
religioso comentó a nuestro director, Fernando Ábalos, que a ver
cuándo hacíamos una portada verdaderamente religiosa. ¿Y puede
haber algo más religioso que ofrecer consuelo al que pide auxilio?
Teniendo en cuenta además que SOS son las siglas de Save our Souls,
Salva nuestras almas.
No sé si Siro contribuirá a la salvación de nuestras almas.
Sería mucho pedirle, pero sí que está prestando un gran servicio a
la renovación de la imagen religiosa. Muchos le acusarán de
provocador. A ellos les diría, como dicen en mi tierra, que más
sufre el que ve que el que enseña. Y que Siro no se arrepiente de
provocar... si lo que provoca es una pregunta, o una sonrisa, o una
lágrima de compasión. Pero antes de terminar, no quiero dejarles
sin conocer el final del cuento: ¿saben? cuando el niño dijo "El
emperador está desnudo"
el padre del chiquillo secundó la afirmación y
como en un efecto dominó todo el pueblo comenzó a repetir la frase
del pequeño. Esto inquietó al Emperador pero pensó que hay que
aguantar hasta el fin
y siguió caminando con su misma altivez.
Aún así, aunque sigan caminando con altivez, hay que seguir
gritando que el Emperador está desnudo. Y secundando la voz del
niño Siro que grita con el ratón de ordenador, por los que no
tienen voz, que "No perdamos el Sur".
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