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  Paul Preston  
crítica de Paul Preston

España ante sus fantasmas
Un recorrido por un país en transición
Giles Tremlett

Crítica de Paul Preston publicada en el "Times Literary Supplement"

La creencia de que la dictadura del general Franco institucionalizó su victoria en la Guerra Civil española es un lugar común. Desde luego, libró aquella guerra de la forma más lenta posible, sin ceder ni un ápice del territorio conquistado, aprovechando la más mínima oportunidad para aplastar a cualquier disidente, real o imaginario, tras las líneas. El ejercicio del terror fue un recurso crucial en los planes de los rebeldes militares y el objetivo de su estrategia militar no fue tanto lograr una victoria rápida como al mayor número de republicanos posible. Justificó sus purgas sistemáticas a Roberto Cantalupo, el embajador de Mussolini, alegando que "debemos llevar a cabo la labor, necesariamente lenta, de redención y pacificación, sin la cual la ocupación militar sería en gran medida inútil. La redención moral de las zonas ocupadas será larga y difícil porque en España las raíces del anarquismo son viejas y profundas".

En otras palabras, pretendía erradicar todo lo que pudiera suponer un obstáculo para la supervivencia de su futura dictadura. Su régimen habría de cumplir con lo que él consideraba el destino de España y, por tanto, rectificar los errores que condujeron a que la que en su día fuera la nación más poderosa sobre la Tierra perdiera su imperio. Creyéndose tocado por la mano de Dios, el Caudillo no previó cambios futuros. Al hilo del sueño que tenía Hitler de un Reich que durara mil años como poco, creía que su propio régimen sería eterno. Las monedas y los sellos proclamaban que el general Franco sólo sería responsable ante Dios y la Historia.

A pesar de sus ambiciones mesiánicas, no fue muy hábil dirigiendo el destino de España. Sus primeros años estuvieron marcados por la hambruna generalizada y la reaparición de enfermedades erradicadas hacia siglos. Su incesante represión presenció la ejecución de decenas de miles de personas y de la encarcelación de cientos de miles más, así como de campos de concentración y de trabajos forzosos. Creyéndose un gran economista, adoptó una desastrosa política de autarquía que llevó a España a mediados de los años cincuenta al borde del colapso económico. Logró salvar la situación únicamente gracias a la ayuda americana y al traspaso del poder económico a un grupo de tecnócratas del Opus Dei guiado, para gran disgusto suyo, por consejeros del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Franco tuvo suerte. Evitó las consecuencias de su coqueteo con Hitler a base de una debilidad económica y militar que le convirtió en un aliado no deseado pero que le sirvió para propagar el mito de que había salvado a España de la guerra sin ayuda de nadie. De forma parecida, el boom económico de los años sesenta fue proclamado su golpe maestro cuando en realidad se alimentó de la inversión extranjera promovida por los tecnócratas, por los enormes ingresos derivados del turismo y los envíos de dinero de los emigrantes españoles que habían huido de la hambruna. No obstante, a pesar de los desastres, hubo quienes se beneficiaron con creces de su régimen. Para su desgracia, murió el 20 de noviembre de 1975. Preocupados por su propio futuro, habían albergado la esperanza de que fuera inmortal; no obstante, él murió convencido de que todo iría bien. En sus propias palabras: "Todo está atado y bien atado". Creía que los complejos planes institucionales realizados para garantizar la supervivencia de su dictadura evitarían que derivara hacia la democracia. Llegado el momento, el que fue nombrado sucesor de Franco, el rey Juan Carlos, utilizó su puesto para mantener al ejército a raya mientras se negociaba una transición hacia la democracia entre miembros moderados de la oposición de izquierdas y las facciones progresistas de la elite franquista.

Un elemento esencial de la negociación fue el llamado "pacto de olvido", un acuerdo mutuo de no remover el pasado. Su piedra angular fue la amnistía de 1977 para los crímenes contra los derechos humanos cometidos al servicio del dictador. Aquellos primeros pasos vacilantes hacia la democracia abrieron el camino hacia un cataclismo que Franco jamás hubiera imaginado ni en sus peores pesadillas. A pesar de tener que capear obstáculos como el intento de golpe de Estado de la derecha y el terrorismo vasco, España se unió a la OTAN y a la UE y ha disfrutado de más de dos décadas de despegue económico y de un consumo desenfrenado.

La cornucopia de incisiva observación de Giles Tremlett es el lugar que ocupa España en la actualidad y la relación existente entre un reciente hedonismo y un pasado violento y austero. Puede apreciarse en su libro un abierto entusiasmo por el paisaje español, por los españoles, los vascos, los catalanes, los gallegos y los andaluces a lo largo de esta narración de los intrépidos viajes que el autor realiza por cada rincón del país. Pero España ante sus fantasmas también tiene su lado oscuro. Ahonda en las consecuencias del empeño de Franco por dejar bien asentados los cimientos para un régimen eterno, y, gracias a las valientes incursiones del autor en lugares prohibidos del norte y del sur, muestra el triste trasfondo del tráfico de drogas y del terrorismo vasco.

Las primeras cien páginas del libro de Tremlett tratan sobre las traumáticas consecuencias del "pacto de olvido" y de su ruptura. A pesar de la cortina de silencio que se cerró sobre el pasado a favor de una democracia todavía frágil, muchos historiadores siguieron investigando la Guerra Civil y la consiguiente represión. Después, en el contexto del gobierno derechista de José María Aznar, fue surgiendo gradualmente la impresión de que la democracia había alcanzado un grado de consolidación suficiente como para poder soportar un debate sobre el pasado reciente. La consecuencia de ello ha sido un movimiento masivo a favor de lo que ha dado en llamarse "la recuperación de la memoria histórica". Lo han impulsado los nietos de las víctimas. Se han realizado exhumaciones de las fosas comunes, grabaciones de testimonios de supervivientes, y algunos perturbadores documentales sobre lo que sucedió por las televisiones regionales -no así las nacionales-. Apenas pasa un día sin que se dé alguna noticia sobre la exhumación o descubrimiento accidental de restos humanos.

Esto ha generado malestar, no sólo entre los causantes de los hechos, o sus familiares, sino también entre aquellos que sienten nostalgia de Franco y entre aquellos sectores más amplios de la sociedad que, durante años, se beneficiaron de la dictadura. Se han publicado una serie de obras polémicas de gran éxito que han complacido a este público. Muchos investigadores serios con los que cuenta España han sufrido los improperios de un pequeño grupo de autores y locutores de radio que irrumpen vociferantes desde la barrera a modo de hooligans. Afirman que los padecimientos de las víctimas republicanas no son más que una exageración de una siniestra conspiración de historiadores políticamente correctos y añaden, al estilo de Billy Bunter, que sus sufrimientos fueron, en cualquier caso, culpa suya. Estas obras supuestamente "revisionistas" que básicamente reciclan las tesis básicas de la propaganda franquista contienen nuevas investigaciones de carácter bastante desdeñable. Su mayor novedad es la utilización, tanto en libros como en tertulias o debates radiofónicos de carácter difamatorio, de las técnicas de la telerealidad, con las que se llama a los autores de la nueva historiografía mentirosos e idiotas.

Tremlett recoge este proceso de forma vívida y a la vez con sensibilidad. Cuenta de manera conmovedora la historia de 3 mujeres asesinadas en Poyales del Hoyo, en la provincia de Ávila, donde, tras su exhumación, la alcaldesa de turno, miembro del Partido Popular y sobrina del falangista que cometió los asesinatos, les negó espacio en el cementerio del pueblo para su etierro. Relata numerosas historias terribles -y representativas-, desde la de la niña pequeña sobre la que vertieron un orinal con heces y orina porque su padre era republicano, hasta la del niño hambriento al que ofrecieron que mojara un poco de pan en una olla con caldo para meterle el brazo en el líquido hirviendo. Todo esto se sitúa dentro de un sensato análisis de lo adecuado de la transición a la democracia. Tremlett nos recuerda que los "progresistas" del régimen franquista que tuvieron un papel clave en la negociación actuaron en connivencia en la destrucción de los archivos de la dictadura, y que los policías torturadores mantuvieron sus carreras profesionales mucho tiempo después del regreso de la democracia. El autor habla sobre la forma en que los esfuerzos del carismático juez Baltasar Garzón por garantizar la extradición de los torturadores argentinos y chilenos pusieron de manifiesto la ausencia en España de una comisión de la verdad y la reconciliación.

A partir de ahí, Tremlett conduce al lector en un fascinante viaje por España. En la Sevilla profunda encuentra el auténtico flamenco. Fue éste siempre una música asociada a la pobreza, que en la España consumista de hoy en día florece en las cárceles y en las frías urbanizaciones a merced de los traficantes de drogas. Muestra la increíble variedad del mundillo del comercio del sexo, que incluye instalaciones para los discapacitados y grandes establecimientos con gimnasios y bares para los trabajadores del sexo. La proliferación de los clubs nocturnos, con chicas latinoamericanas y procedentes de Europa del Este, se interpreta como una respuesta al hecho de que pocas españolas están dispuestas a reconocer haber tenido sexo fuera del matrimonio. No obstante, la situación actual es mucho más liberal que la que se vivía bajo el régimen de Franco, cuando las mujeres no tenían prácticamente derechos y muchos homosexuales eran perseguidos. La madre de un homosexual le pidió consejo a una monja que después lo denunció a la policía. Fue encarcelado y violado repetidamente. El hecho de que a principios de este año el 60 por ciento del electorado se expusiera a la desaprobación por parte de la Iglesia católica y del Partido Popular en favor de la legalización del matrimonio homosexual es un síntoma de la necesaria liberalización de la sociedad española, y de lo frágiles que eran los planes de Franco para la eternidad.

La narración que hace Tremlett del atentado terrorista del 11 de marzo de 2004 es una brillante obra de reconstrucción. Se recordará que el Partido Popular continuó culpando a ETA del mismo mucho tiempo después de que el dedo acusador señalara de forma inequívoca a los militantes islámicos. La reacción pública favoreció la victoria socialista en las elecciones generales que se celebraron tres días después. Resulta significativo que, cuando el PP dejó el poder, todos los registros informáticos de su mandato fueron borrados. Tremlett no sólo documenta la obsesión de Aznar con ETA, también ha sabido retratar el triste ambiente de odio que reina en el País Vasco. Como a otros, en su día le cautivó el romanticismo de la lucha de los vascos por la libertad, pero ahora cree que ETA ha convertido la región en un lugar de temor y aversión, el único lugar de España en el que la gente no quiere hablar. Al haber vivido en Barcelona Tremlett también aporta un capítulo preceptivo sobre el catalanismo y sobre el por qué tantos españoles odian a los catalanes por su insistencia en que son diferentes. Los misterios de Galicia -desde las oscuras costumbres antiguas hasta el tráfico de cocaína y los mafiosos que llenan sus piscinas de cristal con prostitutas desnudas- están igual de bien narrados.

España ante sus fantasmas es un digno heredero de otros libros que han querido explicar el laberinto español. Es a la vez perspicaz, cercano, crítico y entretenido, ya sea a la hora de tratar el nivel de ruido de las ciudades españolas, la incontinencia verbal de los españoles cuando se lanzan a hablar, las peculiaridades de la paternidad en España (en la que los niños son tratados como estrellas, se convierten en el tiránico centro de atención y después pasan a convertirse en adolescentes educados y bien adaptados), la exclusión de los hombres de los paritorios donde la dictadura del médico impone partos por cesárea para poder ir al golf. La lista es interminable y sin duda merece la pena seguirla en este excelente libro.

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