Los Espejos Desbordados
Día 21 de abril. Primera presentación del libro. Barcelona.
El aula de la Universidad Pompeu Fabra se abrió a las 19.00 horas. A las 19.05 ya estaba llena con más de trecientas personas y también la sala para otras 80 que se habilitó con pantallas en conexión directa con el aula.
La gente comenzó a llegar una hora antes del acto. Cola enorme para esperar a un autor que con voz pausada, con su ironía de siempre y la agudeza de sus ideas fue revisando la historia, desgranándola por los lados menos visibles, dándola vuelta ante un auditorio que reía sus comentarios, compartía sus críticas y que lo terminó aplaudiendo de pie durante largos minutos. Entre el público también sus amigos más cercanos como el cantante Joan Manuel Serrat y su esposa.
"Firmo media hora y ya paro porque quiero conservar mi muñeca que es un recuerdo de familia y le tengo algo de afecto", advirtió Galeano y la media hora fue más que eso. Escribió dedicatorias en los libros. Saludó, se sacó fotos, recibió regalos: DVD, libros y hasta una máscara pequeña tallada en piedra. Fue el último en irse y aún afuera le esperaba un lector para saludarle. Escena muy similar a la que se vivió dos días atrás al salir de la entrevista en directo del programa de Mònica Terribas en TV3, a eso de la 1 de la madrugada. Se escuchó una voz que gritó "¿Va en ese coche Galeano?" Un chico muy joven que le había visto en la tele le esperaba para que le firmara sus libros y un papel. Lo hizo y además le invitó al acto.
Sería uno de los que abarrotó la sala. "Los espejos están llenos de gente" nos dice Galeano en la contraportada de este nuevo libro. Y es cierto, los espejos en su caso siempre están desbordados. Repletos por todos los costados.

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