1967 - 2017. 50 años de vanguardia cultural

Feminismo

«Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo»

Eduardo Galeano

Las mujeres según Galeano

  • Mujeres

    Mujeres

    Eduardo Galeano

    Reseña de Aníbal Malvar Reseña en InfoLibre «No hay tradición cultural que no justifique el monopolio masculino de las armas y de la palabra, ni hay tradición popular que no perpetúe el desprestigio de la mujer o que no la denuncie como peligro.»   Galeano ha hecho de la mujer un eje vertebrador de su creación, para defender, en ella y en su reivindicación, la dignidad, siempre precaria, del ser humano. Galeano cuenta la intensidad de personajes femeninos atravesados por el peso de una causa, como Juana de Arco, Rosa Luxemburgo o Rigoberta Menchú; por su propia hermosura o talento, como Marilyn Monroe o Rita Hayworth, Frida Kahlo o Marie Curie, Camille Claudel o Josephine Baker. Pero también cuenta las hazañas colectivas de mujeres anónimas: las que lucharon en la Comuna de París, las guerreras de la revolución mexicana, las que –en un prostíbulo de la Patagonia argentina– se negaron a atender a los soldados que habían reprimido a los obreros. Como el personaje que abre el libro, la Sherezade de Las mil y una noches que le cuenta historias al rey para que no la mate, Galeano entrega en cada relato de la presente antología su maestría de narrador oral y de artesano del lenguaje, par...

Ser mujer durante el Franquismo

  • Las rapadas

    Las rapadas

    Enrique González Duro

    Son pocos los libros que han mostrado la represión ejercida sobre las mujeres re...
  • En cuerpo y alma

    En cuerpo y alma

    Aurora Morcillo Gómez, Tomás Fernández Aúz, Beatriz Eguibar

    Francisco Franco consideró la Guerra Civil como una lucha «entre los hijos del m...

Feminismo y trabajo. Mucho por hacer

  • De criada a empleada

    De criada a empleada

    Ulla Wikander, Jose A. Padilla Villate

    En De criada a empleada se muestra la evolución que, desde el comienzo de la industrialización, ha experimentado la división del trabajo según los sexos. A pesar de que hombres y mujeres trabajaron en fábricas y se adaptaron a las cambiantes condiciones y exigencias del trabajo, históricamente las mujeres han trabajado por salarios menores que los hombres y su mano de obra ha sido considerada menos cualificada. Incluso la maquinaria que usaban hombres y mujeres fue asignada de acuerdo con el sexo: la máquina de coser, por ejemplo, fue femenina, y el trabajo de las costureras fue, en consecuencia, minusvalorado. Las definiciones de las actividades masculinas y femeninas fueron siempre  objeto de discusión y estuvieron sometidas a cambio. Las mujeres constituyeron una fuerza de trabajo que debía diferir de las de los trabajadores varones y ajustarse a reglamentos especiales. Simultáneamente, se les adjudicó a las mujeres la actividad de ama de casa y madre como su papel más auténtico e importante. Así surgió una imagen que ha obligado a las mujeres hasta el presente a aceptar los oficios peor pagados, y ha contribuido a que, a menudo, no tengan una vida laboral plena ni desarrollen u...

Cuando ser feminista era una locura

  • Yo no soy la señorita Chevalier

    Yo no soy la señorita Chevalier

    Hersilie Rouy, María del Mar LLinares García, Blanca <tera

    «Yo no soy la señorita Chevalier» respondía cada vez que no se dirigían a ella por su nombre. Tras alcanzar cierta fama como artista y profesora de música, Hersilie Rouy fue raptada por las fuerzas del Estado francés y encerrada en distintos manicomios durante casi tres lustros. Su identidad fue borrada, le sustrajeron sus papeles, a sus seres más cercanos se les comunicó su defunción y se le asignó la identidad de Joséphine Chevalier. Sus memorias, escritas entre 1870 y 1880, demuestran la injusticia de su encierro y la arbitrariedad de los comportamientos de la administración. Desprovista de su identidad, Hersilie pedía que se comprobase su ascendencia, que se contrastara con sus actas que era hija de Charles Rouy, pero todo lo que ella pudiera argumentar o decir para los médicos resultaba ser signo indudable de su locura, una «locura razonante». Ante el encierro, no tenía salvación. Si Hersilie fue un caso paradigmático de una locura que se esconde y que nunca se puede saber si es locura, ¿cómo podía refutar el diagnóstico de un psiquiatra? ¿Quién denunció a Hersilie y con qué finalidad?